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Brooking tiene la razón Por la humillación final contra Dallas
 |  The Associated Press Keith Brooking (51) tomó un rol de liderazgo y motivación entre los Cowboys y lo demostró al dar la cara ante Favre (AP-NFL). |
Por Manuel Aguilar Caloca,
NFL
19 de Enero de 2010
Tercera y largo
El apoyador de los Dallas Cowboys, Keith Brooking, reclamó al quarterback de los Minnesota Vikings, Brett Favre, el haber lanzado un pase de anotación al parecer innecesario en los minutos finales del partido de Playoff Divisional que los púrpuras ganaban claramente por 24 puntos.
¿Dónde quedó la categoría?
“Sólo pensé que lo que ocurrió al final del partido fue irrespetuoso y carente de clase”, declaró Brooking. “Ese tipo de cosas, se las reclamo a la organización de los Vikings y a quien sea que haya llamado las jugadas. Simplemente, no fue algo correcto en ese momento, punto”.
Los Minnesota Vikings tratan de cambiar su historia de equipo que se ha quedado en la orilla, pese a contar con plantillas poderosas, pero que han fallado a la hora de la verdad. Para ello, necesitaban una pieza esencial en su rompecabezas, un mariscal de campo de categoría y les vino como anillo al dedo Favre.
Los anfitriones en el Metrodome y su fiel afición ya llegaron al Juego de Campeonato de la Conferencia Nacional, instancia a la que no habían accedido desde enero de 2001 y, por supuesto, ansían aparecer en un Super Bowl, lo cual no ocurre desde enero de 1977.
Favre les dio otra dimensión y, por supuesto, gran atención a nivel nacional e internacional. Ya habían sido un equipo de playoff el año pasado y su defensiva tiene por lo menos tres años de jugar a un nivel excepcional.
El equipo de la estrella solitaria llegó con su dosis de optimismo a este compromiso de vencer o morir por sus buenas actuaciones del último mes, pero se toparon con un rival que prácticamente los dominó de principio a fin; Tony Romo sufrió seis capturas, soltó tres balones (dos de ellos recuperados por Minnesota) y fue interceptado una ocasión, además de haber sido golpeado hasta en una decena de ocasiones.
Todo resultó “miel sobre hojuelas” para los vikingos, que forjaron una ventaja de 27-3, lo cual simplemente nos daba un partido ganado por un conjunto con verdaderas aspiraciones al campeonato sobre uno que aún tiene mucho trabajo por delante.
Sin embargo, cuando faltaban menos de tres minutos por jugarse, ya sólo con la misión de agotar el reloj para iniciar el festejo de su triunfo, los Vikings cometieron un pecado de soberbia y una falta de deportivismo, cuando Favre decidió ir por un pase de touchdown en situación de 4ª y 3, en la yarda 11 de Dallas, el cual conectó con Vishante Shiancoe para elevar la pizarra final a nivel no sólo de paliza sino de humillación.
Fue entonces que el veterano Brooking siguió a Favre hasta cerca de la zona lateral de Minnesota para reclamarle por esa afrenta y quizás para recordarle que en la vida hay muchos giros y vueltas y que muchas veces hay que pagar los errores.
Un principio del espíritu del deporte y un rasgo de caballerosidad y clase es luchar por la victoria sin humillar al rival, respetando su integridad y dignidad. Minnesota y Favre quebrantaron esa norma no escrita, pero sí ejemplar.
El entrenador Brad Childress defendió la postura del equipo al decir que “el objetivo es anotar puntos y no nos vamos a quitar nosotros mismos la oportunidad de hacerlos”.
Favre se vio todavía un poco más cínico al dar más importancia a una broma pública al decir que se había cansado pero únicamente de festejar tanto.
Considero que Childress dejó de lado a propósito el concepto que realmente rige a los deportes y que es ir por la victoria, la cual ya la tenían asegurada. Es cierto que estaban muy cerca de la línea de gol, pero quizás habría sido un rasgo de grandeza evitar la humillación y quizás correr el balón (porque no se puede patear de despeje desde la yarda 11 del rival), total, si lograban el primero y gol pues tenían la disculpa de que seguían consumiendo el reloj. Si el corredor se escapaba hasta el touchdown, ya era en otra circunstancia menos agresiva y, repito, menos humillante.
La otra opción hubiera sido patear un gol de campo, cierto, se anotan más puntos innecesarios, pero no hay una clara intención de sobajar y descuartizar sanguinariamente a un cadáver, como lo que ya eran los Cowboys, como todos lo sabíamos en ese punto del partido, principalmente los aficionados de Dallas, incluyéndome como tal.
No hay amargura en este comentario, más sí indignación y no por haber sido el equipo de mis preferencias el humillado; esto siempre lo ha criticado negativamente y habré de criticarlo en cualquier otra ocasión en que alguna institución caiga en ese tipo de excesos.
Sólo se genera resentimiento entre los vencidos, que esperarán la ocasión de cobrarse con la misma moneda e incluso más allá de un desquite deportivo porque hay quienes lo toman a personal y van a lastimar, a perjudicar a un compañero de profesión, generando, el clásico y lamentable círculo vicioso de la venganza.
En fin, quizás Favre siga obsesionado con sus estadísticas personales o quizás es a tal grado incontenible su carácter competitivo que le llega a hacer perder la proporción de las cosas, lo cual me tendría que parecer algo totalmente absurdo viniendo de parte de un veterano de 40 años que sigue jugando al máximo nivel y que ya tiene asegurado su nicho en el Salón de la Fama. Pero caras vemos…
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